Habría que diferenciar entre los sueños como pulsiones del deseo inconsciente, cuando estamos dormidos o traspuestos, y los sueños compartidos por la esperanza consciente en un grupo social o una comunidad de aprendizaje y práctica. No estoy hablando, tampoco, de un mero arquetipo proyectado por la psicología de masas. A veces, al hablar de las utopías, se confunden todos esos planos, en descrédito del pensamiento arraigado en la memoria social y colectiva, crítico con el presente y encarado hacia el futuro.

Dicho esto, el “sueño pedagógico” sobre la educación que queremos se alimenta de todas las dimensiones de la vida; así que sería una reducción absurda el intento de descargarlo del impulso de las emociones positivas o de la melancolía que acompaña a la razón desde los albores de la filosofía.

Sigo soñando en una escuela democrática, incluyente y participativa. Al decir “en”, me incluyo dentro de una comunidad educativa que es capaz de aprender de sus errores (y de los míos).

No hay recetas aisladas contra la exclusión, contra la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, contra el autoritarismo y contra la desigualdad provocada por una mano más inconsciente que invisible. No obstante, sí hay métodos para construir una comunidad transformadora de su interno y su entorno. En realidad, todos los aspectos de mi vida profesional que he incluido en este portafolio biográfico tienden hacia esa aspiración colectiva, comunitaria y enredada.

¿Y los que no he incluido?  Están de todas maneras en mis mundos fingidos. Me han servido para aprender con menos inhibiciones. No soy capaz de aprender por medio del castigo y, según creo, los demás niños y niñas tampoco. Me remito a la condición del humano rebelde, que es capaz de sorprenderse y hasta entusiasmarse cuando le permiten participar en la construcción social de la realidad.

Así pues, aprendemos siguiendo el hilo de la imitación y de la empatía. Cuando comprendo el malestar y la amargura de las frustraciones, me importa compensarlos en una relación social. Lo único intolerable es el daño causado. La democracia exige una reparación al agresor, no un castigo. Si la reparación se vive como un castigo, no servirá al aprendizaje personal ni tampoco al colectivo; aunque se reproduzca en forma de ley: “la ley del tubo”, decíamos los niños de hace cuarenta años.

Métodos para hacer ancho el tubo, hasta que todas y todos quepan.


Me importas tú: proyecto de refuerzo

El proyecto se divide en dos fases principales:

1) “He hablado de mí”.

2) “Ahora háblame de ti”.

La primera consiste en aprender a hablar y escribir.

Es protagonizada por los aprendices, quienes tratan amigablemente y con veracidad de distintos aspectos de su vida, para conocerse mejor a sí mismos y rehacer su identidad con mayor madurez.

La segunda se dedica a aprender a escuchar y leer.

Los aprendices practican habilidades fundamentales para su formación personal, tales como la preocupación por los demás, la solidaridad, la escucha activa y la empatía.

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Parlamento de la Humanidad en IES Virgen del Castillo

Comenzamos a diseñar un nuevo proyecto para acabar el año y comenzar nuevos, de nuevo, lo nuevo.
Nos constituimos como Asamblea o Parlamento en nombre de toda la humanidad, sin excluir a nadie, incluyendo a todos los pueblos.
Nuestros objetivos:

  • Dotarnos de normas por consenso, para hacer posible que vivamos en común.
  • Reconocer entre nosotras y nosotros los principios que garantizan la paz y la justicia: los derechos humanos.

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Los diez derechos humanos más importantes.

Acciones elogiables.

Normas de clase 1º A.

Normas de clase 1º B.


Me importas tú

Podcast.


Karaoke de los sueños

¿Qué puedo hacer para cambiar el mundo?

Mensaje en la botella: #SOShayqueaprender

Cancionero de los sueños


Parlamento de la Humanidad en el IES Cartima

¿Por qué nos ocupamos de las normas de convivencia en la clase de Lengua y Literatura?

Para aprender a comunicar hay que aprender a convivir. La lengua es una herramienta al servicio de valores que tienen a cada persona como centro. Probablemente sea la mejor herramienta de que dispone un/a ser humano para convivir con otros/as.
Así pues, aunque haga falta la ortografía para escribir correctamente (dicho sea a modo de ejemplo), es mucho más relevante que aprendamos a usar la lengua como instrumento de convivencia.
Vamos a poner en práctica los siguientes verbos:
– reflexionar sobre ideas y valores,
– ponerse en el lugar de otro, compadecerse, indignarse cuando alguien vulnerable es vulnerado,
– proponer soluciones a problemas reales, que plantea la vida en comunidad,
– escuchar las razones que ofrecen los demás,
– enunciar normas de manera concreta y concisa,
– emplear un lenguaje formal para entendernos mejor.

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Normas de convivencia.


La escuela que queremos: comprender las escuelas del siglo XXI


Tierra sagrada, humanos sagrados: las causas y los lugares del éxodo en el siglo XXI


Me importas tú, refugiada o refugiado


Cobardes


¿Podemos cambiar el mundo?


Biografía de una persona: Mejoradora del mundo