Proyecto “Historia de un/a aprendiz”: creación de portafolios de aprendizaje biográfico

Portafolio del proyecto 

Bases para un Proyecto Lingüístico de Aula: los géneros discursivos

 

Captura de pantalla 2018-08-09 a las 23.11.13

 

 

Artículo publicado en la revista digital Evaluacción.

1. El portafolio como género discursivo.

Campo semántico e histórico: carteras, carpetas, dossier, informe, memoria, portafolios, portafolio.

A lo largo de las dos últimas décadas, el portafolio ha ido creciendo y cambiando de forma, gracias a una multitud de formatos digitales. Como tengo más de veinte años, recuerdo que su primer valor era pequeño y pobre: una carpeta finita de cartón sin gomas y, más tarde, de vulgar plástico.

La etimología de la palabra nos ayuda a identificar sus variados usos en castellano, todos de importación. Del francés portefeuilles procede su sentido como “cartera para libros y papeles” y como cartera de valores para financieros exquisitos; del inglés portfolio proviene otra variedad de microcosmos sociales: carpeta donde los artistas y los diseñadores guardan sus dibujos, acuarelas, grabados o bocetos transportables en mano; el portafolios que contiene una selección de sus mejores obras; y, por fin, el portafolio (en singular) que describe la historia de sus producciones, haciendo uso de evidencias de su trayectoria profesional.

No ha llegado a imponerse la palabra portafolio para referirse al dossier de un proyecto (otra importación); es decir, al informe que sostiene su viabilidad o a la simple memoria de su realización. De hecho, es correcto que se mantenga la separación de ámbitos. En todo caso, los profesionales de la gestión hablan de portafolio de proyectos para acreditar su autoría o su control personal de la producción de programas y proyectos.

Portafolio cartera.jpg

Cartera-portafolios. Banco de imágenes y sonidos.

IMG_3059.JPG

Carpeta-portafolios.

Dossier-11.jpg

Manuela Bascón, Dossier-11. Wikimedia.

El portafolio profesional.

Así pues, podríamos seguir manteniendo vivas las palabras cartera, carpeta, dossier, informe o memoria con el significado y las connotaciones que les son propias, mientras adoptamos el portafolio para lo que realmente designa en el medio digital: una descripción narrativa de la vida, aunque parezca contradictoria en sus términos. No se trata de una autobiografía en su conjunto, ni tampoco de un mero curriculum vitae, puesto que contiene fragmentos de realidad en vivo. Pero tiene que mostrarnos evidencias de la personalidad y las competencias del o de la profesional: un retrato a través del tiempo.

Desde que existieron los primeros ordenadores personales (o los Macintosh), los portafolios digitales han servido para que la carpeta llena de papeles que se pierden o se manchan se convirtiera en una elegante y limpia presentación de textos escritos, icónicos y audiovisuales, aunque debiera encajar en discos para que fueran transportables. No tardaron mucho en llegar las páginas web, durante los años noventa, de manera que ya era posible exhibir lo que uno/a hubiese hecho o proyectara hacer ante un público de internautas. Pero la web social, hace apenas una década, lo transformó todo, como sabemos o intuimos.

El capital cultural y social, en categorías de Pierre Bourdieu, circula a través de los blog y de las plataformas de redes sociales, con una fluidez que no deja de aumentar con poca (relativamente) inversión de esfuerzo. Aunque pueda medirse y, de hecho se cuantifique avaramente en las estadísticas de impacto por número de seguidores, interacciones (lecturas, retuiteos, me gustas) y menciones (marcadores), que le dan vida o se la quitan a los community managers, sin embargo, muchos seres humanos usamos las redes sencillamente para comunicar emociones, opiniones, afectos e información investida de rostros (originales o mediadores), que nos dan vida sin quitárnosla. El capital simbólico que podríamos llamar prestigio profesional se acumula en los portafolios digitales y crece a lo largo de la vida, como una inversión segura, en los tiempos más especulativos de la Historia humana.

No son las apariencias las que engañan, sino los sesgos y los hábitos de pensamiento. Nuestra existencia no deja de ser biográfica por ser más sociable. La marea de conexiones y desconexiones en las redes no es una excusa para X, porque lo manda TT. No somos nodos deshilachados que intercambian neutrones en el puro espacio-tiempo. Nos comunicamos viviendo, mientras el tiempo pasa al ritmo de la vida: edades, generaciones, sabiduría, tonterías. Mientras escribo a mano o a máquina un CV, tengo menos que pensar que al crear un portafolio, aunque sea digital e hiperconectado (o por eso mismo). La reflexividad depende del guión que creo y sigo.

Un ejemplo de tontería: confundir el portafolio profesional con la cartera de valores y los valores humanos con los financieros. Eso sí que es estúpido, pero afecta a muy pocas personas.

internet-534232_960_720.jpg

Geralt, Internet. Pixabay.

2. Portafolios de aprendizaje y de evaluación.

[Espacio para la siguiente presentación]

Portafolio: evaluación del aprendizaje en red

Cuando lo más valioso es aprender.

El uso de portafolios para el aprendizaje y la evaluación comenzó hace mucho tiempo en el medio universitario, en el ámbito de las Artes. En los años ochenta del pasado siglo, algunos aprendices astutos aprovecharon su competencia digital para acompañar sus solicitudes de admisión a una universidad con un disco que contuviera una selección de sus trabajos artísticos y de investigación, junto con documentos burocráticos que acreditaban sus logros académicos. Algunos docentes, en cuanto hubo ordenadores a disposición del alumnado, permitieron que las tareas se presentasen en formato digital, ya fuera en discos o a través de la intranet, ordenados en carpetas y correctamente indexados.

La posibilidad de crear páginas web personales y almacenar información en la nube transformó las carpetas y los archivos en textos multimodales de un nuevo género: el portafolio digital. Las potencias todavía limitadas de Internet condicionaron que la selección de los mejores trabajos se cuidara más y que fuera ganando peso la reflexión sobre el propio aprendizaje, a través de un proceso guiado a lo largo de un curso o al final de un proyecto.

Lo que me importa resaltar en este apartado es la diferencia entre el mero almacenaje de objetos analógicos: la carpeta de archivos indexados, y los objetos propiamente digitales en una secuencia narrativa que describe las competencias adquiridas, gracias a una muestra de productos.

La era de las plataformas LMS en la educación universitaria o en el e-learning dio pie a organizar una comunidad electrónica de aprendizaje, cerrada por un sistema de contraseñas y un concepto de privacidad riguroso. Los programas gestores de portafolios, que caracterizaron el paso de los noventa al nuevo milenio, se inscriben en ese escenario, aunque todavía tengan vigencia en el sistema Moodle, gracias a complementos como Mahara.

Una vez que la web social se adueñó de la gran mayoría de los espacios digitales, mientras aumentaba exponencialmente la capacidad de la nube, los portafolios profesionales adquirieron dimensiones propias y, en cierto modo, descomunales, gracias a una red especializada como Linkedin. La ordenación, la selección y la indexación de las evidencias es sencilla y, sobre todo, es pública. Los profesionales no cuentan su vida, como hacían los rétores del mundo helenístico, hace dos mil años, pero presentan un perfil biográfico y comparten rasgos de su personalidad como el voluntariado, los gustos, las aficiones, que se configuran en otras tantas redes sociales. Las más interesantes para demostrar competencias son, precisamente, sus redes de aprendizaje.

Herramientas y funciones.

Los portafolios educativos de aprendizaje y de evaluación en la educación formal han recuperado durante los últimos años algunas funciones originales: la documentación de un proceso. O bien se utiliza un blog como repositorio, desde el inicio del curso, o bien se crea una web portafolio, bien posicionada y conectada con los blog de trabajo y los perfiles de la persona portagrafiada en las redes sociales.

Hace relativamente pocos años, la creación de un portafolio con un sistema de gestión de contenidos (CMS: Joomla, Drupal, WordPress) era un desafío insuperable para mí, lego en informática, incluso aunque el CMS ofreciera un editor WYSIWYG. Los servidores gratuitos en línea para la creación de páginas web (Google Sites, Wix, Weebly, Joomla), que resuelven automáticamente problemas tales como el hospedaje o la gestión de un dominio, han puesto el diseño al alcance de cualquier usuario.

Wix y Weebly permiten crear o añadir un blog, en secuencia cronológica, que acentúe el carácter narrativo y, simultáneamente, la inmediatez del retrato digital. WordPress.com y Blogger han proporcionado, desde su fundación, una red social genuina de blogueros, aunque la función socializadora haya sido definitivamente absorbida por las plataformas de microblogging: además de Linkedin, Facebook, Twitter, Tumblr o Whatsapp.

Sea cual sea su origen (.org o .com), todos los servidores hacen posible combinar el blog con un conjunto ordenado de páginas. Lo más fecundo, desde la perspectiva de un usuario vulgar (como yo), es el mashup: la mezcla sin fronteras entre lo que me atrevo llamar el portafolio estático (organizado por páginas) y el portafolio dinámico (el blog del profesor, los blog o portafolios de aula).

free_psd_portfolio_template_by_perrysmith.jpg

Free PSD Portfolio Template by perrysmith. Deviantart.

Documentar, seleccionar, reflexionar, proponer.

Gracias a la combinación de aplicaciones y plataformas, al aprendizaje móvil y las conexiones múltiples, la acción comunicativa de portagrafiar ya no consiste en clavar las alas de la mariposa sobre un tablón de corcho. La intencionalidad del portafolio educativo no es clasificar ni taxonomizar, sino demostrar la continuidad de un proceso cuyo producto final es la persona misma fuera del cuadro, en cualquier cuadro. A través de las ventanas podemos asomarnos a un proceso secuenciado por acciones: documentar, retratar situaciones o experiencias, seleccionar hechos relevantes, reflexionar por medio del ensayo (fragmentario por definición), describir competencias en vivo, comunicar intenciones: tensiones, tendencias, nuevos proyectos, criticar o transgredir las taxonomías del poder o del dinero.

Somos lo que aprendemos, más o menos lo que hacemos, mucho más que cargos, puestos o impuestos. Quienes se consideran consagrados por los sistemas (poder y dinero) no describen aprendizajes, ni se autoevalúan para alentarse a seguir aprendiendo. Paradójicamente, le encargan la descripción de su perfil cesáreo a un/a joven aprendiz de diseño.

La principal ventaja de usar el portafolio como medio de aprendizaje es su capacidad para devolvernos una imagen integrada del aprendizaje y de la persona aprendiz, menos esquemática que las metáforas PLE o PLN. En sentido contrario, su mayor debilidad quizá sea la tendencia a individualizar fenómenos que son radicalmente sociales. De ahí que convenga reivindicar la creación de portafolios para dar cuenta de redes y acontecimientos: un proyecto y todavía mejor si es un proyecto interdisciplinar o colaborativo, como por ejemplo BTOY, El Barco del Exilio o el monumental Palabras azules.

Mi pasión secreta, a pesar del tiempo y el esfuerzo que exige, consiste en preparar cada proyecto ABP por medio de un portafolio flexible y maleable que permita presentar un prototipo (PMV, en términos de Fernando Trujillo) a todos los agentes implicados: alumnado, docentes, familias, socios/as, etc. Después, disfruto representando una creación colectiva: los cambios previstos (análisis participativo de problemas) o imprevistos (gentes que vienen y van) sobre el primer diseño, porque todo queda escrito en el medio digital, pero todo es mejorable gracias a la usabilidad del medio; las evidencias que documentan los aprendices y aprendizas en sus propios portafolios; la selección de aquellas producciones que orientan el proceso mejor que una rúbrica; los reportajes sobre el producto final, que constituye siempre una puesta en escena. La reflexión inducida por los participantes transforma el diseño, de modo que el portafolio resultante es siempre otra cosa distinta de su inicio. Sirva de muestra el proyecto narrado hace un tiempo en Evaluacción: “Comprender las escuelas del siglo XXI”, cuya fuente principal es el Viaje a la escuela del siglo XXI de Alfredo Hernando.

Captura de pantalla 2016-04-15 a las 17.44.14.png

Una ventana al proyecto “Comprender las escuelas del siglo XXI”.

Clasificaciones difusas en los portafolios educativos: mezcla de géneros.

Me resulta sinceramente difícil distinguir entre “portafolio de aprendizaje” y “portafolio de evaluación”. Quizá el rasgo distintivo radique en el hecho de que cualquier persona puede mostrar su aprendizaje por la experiencia y reflexionar sobre lo aprendido, sin necesidad de someterse a un procedimiento de evaluación formal. Muchos diarios en la red tienen ese valor.

En concreto, los portafolios de los docentes en la educación pública nunca, todavía, han sido usados para evaluar su trabajo en el ámbito de la administración que los contrata y los destina, a pesar de que hay ejemplos de espléndida factura: rosaliarte.com, fernandotrujillo.es, azaharatic.es, anabast.wordpress.com, Aitor Lázpita, Aida Ivars, Pep Hernández, Víctor Cuevas o Joaquín J. Martínez Sánchez, entre otros muchos, cada uno/a a su estilo. Sirven para conocerlos/as mejor, de otra manera que un portafolio secamente profesional en Linkedin. Algo similar podría decir de la intención primera de algunos de mis alumnas y alumnos. Su/nuestro propósito es que la creatividad de la vida trasluzca a través del diseño, las producciones, los proyectos, las narraciones incrustadas en la descripción biográfica de su/nuestro know-how.

Me parece imposible etiquetar el portafolio de un/a docente como no-aprendiz o cosa hecha. De otro modo, lo que se pretende evidenciar es que vivimos un proceso de aprendizaje permanente y que el proceso se realiza en obras. Somos makers… y un poco snobs. Podemos jugar con la ironía y con la autoironía para romper el molde de la descripción o el estatismo del retrato.

Collage portafolios.jpg

Pues bien, si llamamos a las puertas digitales de un “centro Finlandia”, por utilizar un término simpático de Fernando Trujillo, y entramos en su galería de retratos digitales, nos encontraremos a bastantes aprendices que tienen mucho que enseñar o que han dado pruebas de lo que enseñan: Amie, José, María José, Estrella del Mar, Leire, Ilian, entre otros/as que conozco.

Los procedimientos de evaluación se evidencian a través de las insignias, las guías de redacción y las rutinas de pensamiento, los cuestionarios, los comentarios de los docentes, los diarios de aprendizaje pautados. Solo en tal medida puede hablarse, claro está, de portafolios de aprendizaje y evaluación, al mismo tiempo.

3. Historia de un/a aprendiz/a.

Comencé mi actividad profesional como alfabetizador con el método Freire (“palabras clave”) en una comunidad indígena de México, allá por 1993, coincidiendo cronológica y vitalmente con la revolución zapatista. Los aprendices nativos (si es que hay alguien que no sea aprendiz y nativo) tienen que construir un proyecto de vida, incluyendo su vocación laboral, como se tejen las figuras en una manta o un huipil, con los hilos que les proporcionan sus experiencias compartidas. Aunque la comparación parezca arriesgada, las formas de evaluación en una comunidad de aprendizaje mixteca son análogos tropicales de las aplicadas en el Seminarium de las universidades alemanas. Los estudiantes noreuropeos verbalizan continuamente sus experiencias, mientras que las niñas y los niños na savi utilizan símbolos condensados, en términos de Victor Turner: iconos, velas, música, movimiento, que representan y actúan su vida.

El curso pasado en un nuevo IES fue el más fecundo de toda mi carrera como educador, que dura ya veinte años. Además de participar en un equipo de personas inteligentes y resilientes, capaces de organizarse con muy pocos recursos para crear un centro nuevo, tuve la oportunidad de colaborar con una sociedad educadora: familias, instituciones, socios expertos.

En ese marco de referencia, se habla mucho sobre educación, sobre evaluar para aprender y, concretamente, sobre la razón de ser y el modo de organizar los portafolios, sus distintos tipos y sus componentes: portafolios de los profesores y los aprendices, de los proyectos, del curso o del centro; documentación de experiencias relevantes (reportaje gráfico o audiovisual), diario de aprendizaje (individual o en grupo), rutinas de pensamiento (guiones de acción y guías de redacción, pensamiento visual en dibujos o mapas mentales, creación y uso de tutoriales), formas de selección (coevaluación con formularios y rúbricas, insignias), reflexión (guiada por rúbricas y cuestionarios, expresada en breves ensayos), prospección de futuros proyectos.

La complejidad, a pesar o a causa de su riqueza ideológica e ideográfica, puede ser desconcertante para muchos aprendices, para bastantes familias e incluso para algunos docentes. Pues bien, con el propósito de dotar de coherencia a tantos fragmentos empíricos y cibernéticos, desde antes de abrir las puertas del nuevo IES, esbozamos en equipo una intuición: la Historia de un/a aprendiz/a. No era un proyecto, aunque se propusieron varios (un álbum familiar, un póster: the star of my life), sino una conjunción entre varios proyectos; no era una tecnología, porque ninguna de las formas de digital storytelling (relato ilustrado, cómic, vídeo o videojuego) podría abarcar sus objetivos.

Queríamos que contuviera la biografía lingüística (cfr. Portfolio Europeo de las Lenguas) de los aprendices y, similarmente, un relato de sus experiencias en todas las materias del curso desde la Educación Infantil a la Primaria. Pretendíamos que sirviera de referente para la evaluación inicial de los niñas y los niños. Sin embargo, no hubo tiempo ni espacio para realizar este primer propósito. Salió por Antequera, de otra manera.

Finalmente, se convirtió en un cruce o mashup entre dos géneros digitales: el diario blog, que ha ocupado el espacio de la autobiografía antigua y moderna (LiveJournal), y el portafolio como descripción narrativa de la personalidad y las competencias de un/a aprendiz/a; en concreto, de la competencia comunicativa-digital, que ya tiene de por sí la virtud de abarcar todas las demás.

Durante el primer trimestre del año 2015, los alumnos y alumnas de 1º ESO fueron habilitándose en el uso de Blogger y otras app de IOS como Keynote, BookCreator o iMovie, gracias a la práctica con Rosa Liarte y con José María Ruiz. En vez de sumar los contenidos de Lengua y Literatura a sus blog del Instituto (los que todavía tienen, tutorizados por Rosa), creamos otro nuevo, experimental, que iba a convertirse en un “Portafolio de la Vida”. Se había fraguado con:

  • Un álbum familiar y amical, donde cada niño/a diera cabida a las fotos de los próximos con quienes se había criado y formado su personalidad, acompañadas de un relato de experiencias relevantes, más allá de la mera anécdota.
  • La lectura pautada y comentada en clase de la biografía literaria (no un copia/pega de Wikipedia) de un referente humano, escogido a su gusto, con la colaboración de la bibliotecaria municipal.
  • De la misma manera, la lectura de una novela de aprendizaje con protagonista adolescente, a elegir entre un elenco amplio, una vez que habíamos catalogado nuestra (pequeña, pero selecta) Biblioteca Escolar.
  • La biografía social de Francisco Gómez Cañete: la investigación en equipo y el producto final individual sobre las etapas de la vida de un joven nacido en Cártama que murió asesinado en Mauthausen. FGC se convirtió en el símbolo real de la vida colectiva hace menos de un siglo, todavía al alcance de la memoria oral.
  • Un ensayo sobre su condición de aprendices en el siglo XXI.

Además, durante el trimestre siguiente se añadieron los productos de su participación en el Banco Común de Creatividad, como parte del proyecto BTOY, que sacó a la luz los aprendizajes invisibles de los alumnos y alumnas en las redes, en la calle, en el patio o en las propias aulas.

68c621_9cee2d995e5145edb92c271f79d5650e.png

Los resultados pueden explorarse en el portafolio global de la Historia de un/a aprendiz/a, que se estructura con los mismos elementos que habían ido construyendo los portafolios personales del alumnado.

Al término del curso, volvimos la mirada sobre las tres fases de nuestro aprendizaje, como etapas de un verdadero rito de iniciación en la vida adulta. Lo llamamos “Portafolio final: sueño, vida, escenario”: el sueño o el reino de los deseos; la vida o el reino de la memoria y de la historia personal; el escenario o el reino de la vida pública, el movimiento, la creación de espacios y el performance.

68c621_46043d45680549b7a89053d789610a08.jpg

Del constructivismo al conectismo social

El constructivismo de Piaget tuvo que ser complementado y, en parte, superado por una comprensión del aprendizaje en comunicación y en contextos sociales significativos; es decir por la práctica del diálogo social como fábrica del diálogo interior y de las formas con que conocemos, nos relacionamos y nos regulamos. Así lo han experimentado y enseñado grandes téoricos como Vygotski, Paulo Freire o Jürgen Habermas, además de las maestras y los maestros de la Escuela Nueva o Moderna. Se sigue viviendo así, cada día, donde haya madurado una comunidad de aprendizaje auténtica.

En otra época, tan nuestra como la anterior, el conectismo o conectivismo ha descubierto el enorme potencial de los aprendizajes mediados por las TIC y por la web social, los cuales multiplican nuestras capacidades en una red de nodos hiperconectados, nos permiten expandir las comunidades de aprendizaje, crear un entorno personalizado y pensar con una inteligencia colectiva. Sin embargo, no podemos perder el hilo de la vida, que nos hace semejantes a nuestros ancestros desde el origen de la especie, a la vez que capaces de multiplicar las relaciones sociales. Los nodos serían pesos inútiles, acumulaciones muertas de información (Enciclopedia o Big Data), si no se vinculan a personas, comunican emociones, se organizan biológica y biográficamente en un proyecto de vida. En realidad, creo que estoy expresando, a mi manera, el sueño conectista.

Los portafolios digitales de aprendizaje son historias en cápsulas separadas, como piezas de un videojuego tipo puzzle. Los creadores de portafolios hacemos una topología: un mapa de nuestra vida, pero vivimos fuera del mapa (Bateson). Incluyo en el caudal de la vida, por supuesto, las experiencias expandidas por conexiones en la red, que las personas mismas propician, disfrutan, mantienen o abandonan.

Los educadores y las educadoras podemos ampliar el género discursivo del portafolio para devolverle su profundidad biográfica, en el marco de un rito de iniciación que utiliza símbolos condensados: vivenciados, documentados, selectos, reflexionados, recreados. No se trata de que los/as niños/as escriban sus memorias, sino que puedan manejar la vida y proyectarla; no solo unos cuantos excelentes que gobiernan las redes, sino todos los ciudadanos en el proceso de hacerse cargo de su vida. Los derechos humanos, como decía Amartya Sen, son capacidades o competencias que se realizan en la vida y que liberan a quienes eran esclavos, habían perdido la esperanza o aspiraban a la tiranía.

Creo urgente que los portafolios se llenen de valores, gracias al diseño de experiencias de solidaridad y creación colectiva, mientras recreamos en las aulas los mundos sociales para que sean más humanos. Yo no me limito a reproducir una práctica social: intento que las niñas y los niños conozcan y reinventen las reglas del juego. Es un riesgo, pero es educativo.

Ojalá que nuestra “Historia de un/a aprendiz/a” sirviera de prototipo/mapa para alentar la exploración. Mapas (no pruebas, ni testeos) con los que describir, catar y orientar (evaluar) la corriente vital que nos anima.

Esta serie de artículos puede considerarse una actualización (incompleta) o un último capítulo de mis investigaciones sobre el aprendizaje a través de las narraciones, que he resumido en el libro Aprendices y lectores: el desarrollo humano a través de la literatura, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2010.

Lienzo de Aztlaltepec y Citlaltepec.jpg

Lienzo de Aztlatepec y Citlaltepec o “Códice de las Vejaciones” (s. XVI, Ñuu Savi, Guerrero, Mèxico). Grabado a partir del original por Rosa Covarrubias. Acerca de la memoria cultural e histórica del pueblo Na Savi (“gente de la lluvia”), véase aquí.

Social_graph.gif

Social graph by Festys. Wikimedia. This animation shows the basic structure of social graph, with different social objects and relations between them. The idea was taken from paper “Users identification of online social networks based on social relations” written by S. Bartukov and A. Korshunov.

Anuncios