A lo largo de la Modernidad, los géneros de la comunicación y la creación cultural se han hecho cada vez más híbridos. En el Renacimiento, solo unos pocos humanos eran capaces de utilizar distintos lenguajes y los saberes que les estaban asociados, por lo que se convirtieron en prototipo del genio individual. Todavía los liberales románticos apelaban a la singularidad del genio, pero la rápida especialización de las técnicas volvió a situar a cada uno en su lugar. La mezcla de lenguajes sirvió nuevamente de estandarte a las vanguardias artísticas, mientras el público y la crítica se empeñaban en clasificar sus productos como artes plásticas, arquitectura, literatura, cine y creación audiovisual. Algo semejante podría decirse sobre los medios de comunicación de masas, que han ampliado su espectro de forma progresiva y acelerada: prensa, radio, TV, medios sociales y digitales (social media). Tan solo algunos/as reporteros/as se convertían en escritores, fotógrafos, cámaras y hasta tipógrafos por necesidad.

La posibilidad de alfabetizarse en una pluralidad de lenguajes, a través de la educación pública (universal), no se ha puesto al alcance de la gente hasta la disrupción provocada por las nuevas tecnologías. Sin embargo, la relación profunda entre todos esos códigos es fruto de una inventiva común (inventio, heuresis, ¡eureka!), cuyo primer ingrediente son las palabras entonadas y los símbolos potentes: la primera idea, un germen melódico, se convierte en guion y luego en sinfonía o en ópera. Es claro que el conocimiento y la práctica del lenguaje audiovisual y del lenguaje digital son imprescindibles para componer cualquier texto con valor (comunicativo, artístico) en la actualidad.

Pues bien, ¿qué relación podemos encontrar entre la exigencia de las (nuevas) múltiples alfabetizaciones y la llamada a educar en el desarrollo de inteligencias múltiples, con que los humanos son dotados por sus genes y su cerebro? ¿No se contradicen la recomendación de descubrir y alentar el “elemento” entre todas las posibilidades, según Ken Robinson, y las estrategias para formar las ocho o diez inteligencias de cualquier ser humano, según Howard Gardner?

La práctica educativa multiletrada puede ayudar a que ambos vectores confluyan: una pasión arrastra a todas las demás inteligencias en la creación de textos multimodales, los cuales no requieren, posteriormente, ser censurados y reducidos a la escala de una sola forma de intelección. No, porque las culturas del siglo XXI, siendo plurales y diversas, han recuperado la multimodalidad originaria, aunque suene pretencioso: científicas, ingenieras, modistas o recicladoras se expresan combinando lenguajes en cualquier diseño. Además, todos estamos llamados a ser creativos en la resolución de problemas y a educar nuestras emociones.


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