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joaquineku

Un portafolio biográfico.

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septiembre 2015

Multimodal en mi elemento

A lo largo de la Modernidad, los géneros de la comunicación y la creación cultural se han hecho cada vez más híbridos. En el Renacimiento, solo unos pocos humanos eran capaces de utilizar distintos lenguajes y los saberes que les estaban asociados, por lo que se convirtieron en prototipo del genio individual. Todavía los liberales románticos apelaban a la singularidad del genio, pero la rápida especialización de las técnicas volvió a situar a cada uno en su lugar. La mezcla de lenguajes sirvió nuevamente de estandarte a las vanguardias artísticas, mientras el público y la crítica se empeñaban en clasificar sus productos como artes plásticas, arquitectura, literatura, cine y creación audiovisual. Algo semejante podría decirse sobre los medios de comunicación de masas, que han ampliado su espectro de forma progresiva y acelerada: prensa, radio, TV, medios sociales y digitales (social media). Tan solo algunos/as reporteros/as se convertían en escritores, fotógrafos, cámaras y hasta tipógrafos por necesidad.

La posibilidad de alfabetizarse en una pluralidad de lenguajes, a través de la educación pública (universal), no se ha puesto al alcance de la gente hasta la disrupción provocada por las nuevas tecnologías. Sin embargo, la relación profunda entre todos esos códigos es fruto de una inventiva común (inventio, heuresis, ¡eureka!), cuyo primer ingrediente son las palabras entonadas y los símbolos potentes: la primera idea, un germen melódico, se convierte en guion y luego en sinfonía o en ópera. Es claro que el conocimiento y la práctica del lenguaje audiovisual y del lenguaje digital son imprescindibles para componer cualquier texto con valor (comunicativo, artístico) en la actualidad.

Pues bien, ¿qué relación podemos encontrar entre la exigencia de las (nuevas) múltiples alfabetizaciones y la llamada a educar en el desarrollo de inteligencias múltiples, con que los humanos son dotados por sus genes y su cerebro? ¿No se contradicen la recomendación de descubrir y alentar el “elemento” entre todas las posibilidades, según Ken Robinson, y las estrategias para formar las ocho o diez inteligencias de cualquier ser humano, según Howard Gardner?

La práctica educativa multiletrada puede ayudar a que ambos vectores confluyan: una pasión arrastra a todas las demás inteligencias en la creación de textos multimodales, los cuales no requieren, posteriormente, ser censurados y reducidos a la escala de una sola forma de intelección. No, porque las culturas del siglo XXI, siendo plurales y diversas, han recuperado la multimodalidad originaria, aunque suene pretencioso: científicas, ingenieras, modistas o recicladoras se expresan combinando lenguajes en cualquier diseño. Además, todos estamos llamados a ser creativos en la resolución de problemas y a educar nuestras emociones.


Formación humanizadora del profesorado: #nMOOC

He trabajado en la formación permanente del profesorado, desde la perspectiva del compañero de camino y con el ideal práctico de promover redes de aprendizaje horizontales y humanizadoras. He comprobado que las actividades formativas suelen adolecer de aquello que predican: la participación y la implicación de los docentes como protagonistas, la corresponsabilidad y el compromiso en hacer realidad lo aprendido. Se necesitan tiempos largos y relación continua en una comunidad presencial y virtual (ambas reales), si se pretende que las propuestas de metodologías activas aterricen en las situaciones complejas de cada centro educativo: aprendizaje cooperativo, ABP/PBL, educación conectada y expandida por las redes sociales, aula compartida con otros docentes y voluntarios/as, cambio de roles o Flipped Learning.

La etiqueta #nMOOC se refiere a esa especie existente, pero difícil de distinguir en la marea de los cursos dirigidos al profesorado: abiertos, participativos, no-masivos, conectados socialmente con entornos reales, contextualizados en las comunidades de aprendizaje.

Terminé por experimentar que el mejor escenario para el aprendizaje docente son los centros con un proyecto educativo coherente, como el IES Cartima, y los proyectos colaborativos en que participan maestros/aprendices de distintas procedencias (interdisciplinar, internivelar, intercentros): Atlas de la Diversidad, El bazar de los locosPalabras AzulesCallejeros Literarios, El barco del exilio, AporTICs y un larguísimo etcétera. Entre ambas formas hay semejanzas discernibles.

Todos los interesados en la formación de docentes como asesoras y asesores, maestros/as de maestros/as, tardan poco en darse cuenta de que el prototipo al que aspiramos y donde se realizan los sueños pedagógicos es la “Formación en Centros”, a la que se acercan como si fuera terreno sagrado. La posibilidad de cambiar la educación, en favor de los aprendices, se genera desde el interior de los centros: responde a un proyecto educativo forjado en el crisol de la comunidad con los equipos educativos (y el claustro, en segundo plano), con el alumnado como sujeto consciente de su aprendizaje, con las familias organizadas para acompañar y aprender, con las instituciones y organizaciones sociales del barrio (el Consejo Escolar, en primer plano).

Los proyectos colaborativos suelen tener una vida suficientemente larga (al menos, un curso entero), como para que los participantes puedan compartir saberes, tácticas, habilidades digitales; y, en los mejores casos, debates pedagógicos y propuestas didácticas. A esa realidad se la ha llamado “entorno personal de aprendizaje” (PLE) o “red personal de aprendizaje” (PLN), pero necesita compromiso interpersonal para que genere cambios orientados por una comunidad viva y deje una huella biográfica en sus intérpretes/creadores de realidad.

Las neuronas humanas traducen la información en forma de narraciones y símbolos complejos (mixed, blended). Retraducido al lenguaje neurocientífico, podría decirse que se conectan biográficamente creando memoria a largo plazo: personal, social, colectiva. Por supuesto que hay aprendizajes a corto plazo, pero, valga la redundancia de Perogrullo, no nos acordamos de ellos.

El conectismo propiciado por las nuevas herramientas tecnológicas de comunicación y socialización necesita más espesura humana que la fluidez ambiental o los nodos de un entorno técnico, de acuerdo con un propósito ético. La disponibilidad para ayudar al semejante en la red y la apertura a una pluralidad de voces tienen raíces milenarias en nuestras culturas. Pues bien, a esa disposición ética y esa configuración interpersonal aspiraba el #nMOOC, durante su año de vida en TwitterLinkedin, Ning (Proyéctate), como cualquier iniciativa de aprendizaje en colaboración que tenga un recorrido largo y permita la interacción continuada entre personas, más allá de los límites de un curso monográfico o una plataforma, a través de distintas redes sociales.

Aunque se hable de “claustro virtual” para describir los vínculos que generan las redes sociales de aprendizaje, su espacio mental y su marco ideal son los equipos educativos que funcionan, cuando generan un ambiente de relación amigable y horizontal, en el que cabe el pensamiento crítico, la equivocación como oportunidad, la cooperación a través de roles intercambiables, el aprendizaje emocional.

Mientras tanto, sentimos nostalgia y melancolía por la erosión que provocan las relaciones superficiales en las redes, sea en el contexto digital, sea en comunidades educativas caracterizadas por la falta de colaboración y reconocimiento personal entre sus miembros. Creo que es bueno aspirar a mejorar nuestro ambiente, pero todavía mejor que cambiemos los mecanismos del sistema para hacerlo posible.

Más información:

#nMOOC: ¿qué es eso?“: Educ@conTIC, Podcast 39, 13 de septiembre de 2013.

#nMOOC en Prezi por @caminologa.

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